© 2023 by Glorify. Proudly created with Wix.com

Mariana Torres Viller

 

Wearable art enthusiast

  • Twitter Social Icon
  • Instagram Social Icon

El rotundo fracaso de la moda de "protesta"

July 5, 2017

El pasado año no ha sido sencillo. Pero es un momento oportuno para la industria de la moda: el mundo está en crisis y la mejor forma de mandar un mensaje crítico a la sociedad para tomar acción podría ser el vestir. Énfasis en podría.

 

Temporada tras temporada son muy pocos los diseñadores que se arriesgan a decir qué les molesta del mundo en el que vivimos, pero sí admito – con todo pesar – que hay dos en particular, a los que ya me he referido en anteriores entradas – que si de sátira se trata, están mandados a hacer.   

 

 

En febrero, Jeremy Scott pisó Milán con una colección nada sorprendente; supongo que uno se acostumbra a su irreverencia kitsch y a su alusión constante a iconos de la cultura popular. Recurrentes imágenes de Jesucristo, de Michael Jackson y de Elvis, acompañadas por una prenda final con el conocido logotipo de As Seen On TV, pretendían aludir a la devoción irracional que la sociedad siente por estas figuras. Ahora bien, ¿en una colección titulada Kill Yr Idols parece coherente poner en el foco de atención a las modelos más mediatizadas e idolatradas de la historia? Resulta algo irónico que un diseñador que vive de mofarse del consumismo y de la idolatría sea su verdugo. 

 

Revisando los desfiles de otoño, encontré otra incoherencia en los diseños de Scott. Esta vez en la presentación de Moschino, que se puede resumir en: cajas de cartón y recortes de revistas. Recortes que son, de hecho, impresiones de editoriales de Vogue en los que se había usado Moschino. Se hubiera podido interpretar como una exhortación al reciclaje, pero el desfile finaliza y Scott luce una camiseta que dice “Couture is an attitude” [La alta costura es una actitud] y en la espalda “It’s not a price point”. ¿De verdad es solo una actitud? Se admira que el mensaje sea: “no tienes que vestir de marca para verte de marca”, pero me hace algo de ruido considerando que este señor  cobra 200 euros por un crop top de algodón arrugado o 700 euros por una sudadera larga de poliéster.

 

Quizá un mensaje más coherente sea el de Demna Gvasalia en Vetements. Su colección de otoño 2017, presentada en París a finales de enero, parece algo apartada de lo que suele mostrar. Gvasalia comenta antes del show: “Un nuevo escenario debe llegar. Lo que hacemos siempre aquí es una reapropiación de algo que ya existe. Hicimos un estudio sobre uniformes sociales, investigamos los códigos de vestimenta de las personas que vemos a nuestro alrededor, o en internet.” Se entiende, entonces, que se paseen por la pasarela la clásica donna milanesa, el trabajador agotado que solo espera jubilarse, un militar y una mujer policía.

 

 

El soldado se voltea y, para sorpresa del público, muestra la inscripción “He’s a soldier, but he’s a good boy! It’s not his fault!” [¡Es un soldado, pero es un buen chico! ¡No es su culpa!]. Una dura crítica a las organizaciones internacionales gubernamentales y a la guerra. Un grito pacifista que se complementa con la llegada de un vagabundo que lleva un manto rasgado de la bandera de la Unión Europea. A mi parecer, acusaciones reales y acertadas, pero que me llevan a plantearme otra pregunta: ¿Es posible elaborar una crítica inteligente a través de la moda sin rozar lo ridículo? ¿Acaso solo la ropa fea sirve para concientizar?

 

Son pocas las marcas que se atreven a hacer llamamientos contundentes e incluso algunas de ellas lo hacen con tanta sutileza, para no caer en el método de Scott y Gvasalia, que terminan pasando desapercibidas.

En su colección debut para Dior, Maria Gazia Churi, además de combinar detalles andróginos con faldas y vestidos de tul típicas de la estética celestial de Valentino, lanzó camisetas con las consignas "We should all be feminists" y "Dio(r)evolution". También vimos la tendencia de las camisetas en la colección de Prabal Gurung, con mensajes como "My boyfriend is a feminist", "The future is female" y "Our Minds. Our Bodies. Our Power." Incluso el mismo diseñador cerró el desfile con una camiseta que decía: "This is what a real feminist looks like." 

 

 

Tanto las camisetas de Dior como las de Prabal se hicieron virales en instantes y recibieron mucho apoyo (tanto que ya las tiendas de la cadena INDITEX han hecho sus propias versiones), pero ¿hasta qué punto ayudan estas prendas a ampliar la causa feminista? Los derechos igualitarios entre hombres y mujeres no se han conseguido en su totalidad aun, quizá porque no hay un objetivo claro y porque no todos tienen el mismo concepto de "feminismo". Decir que "El futuro es femenino" quizá dé más una impresión de hembrismo que de feminismo; decir que "mi novio es feminista" probablemente no cambie la perspectiva de un hombre (o de una mujer) que no tiene claro qué es el feminismo.

 

Missoni, por su parte, mostró un vestido tejido largo con el símbolo de Venus y un jersey que difícilmente daba a entender que se refería a la censura de los pezones femeninos en Instagram.

 

Sin embargo, no todo está perdido. Anniesa Hasibuan , por ejemplo, mostró en la Semana de la Moda de Nueva York una colección entera de hijabs contratando únicamente modelos inmigrantes o hijas de inmigrantes, tanto de Senegal como de Perú o de Libia. Moda es diversidad; el mundo es diversidad. Es una lástima, sin embargo, que no recibiera mucha atención mediática.

 

Del otro lado del charco, Stella Jean, quien recurre con frecuencia a temas históricos y sociales para inspirarse, aludía en su colección de otoño a la Guerra Fría. Las relaciones ambiguas entre Estados Unidos y Rusia actualmente, sobre todo desde las elecciones presidenciales norteamericanas, contrastan con las relaciones, malas pero definidas, que tenían, en su tiempo, EEUU y la URSS.

 

 

Jean sustituye el martillo por tijeras y la hoz por una aguja. Recuerda las babushkas y los sarafanes, combinando la tradición soviética con chaquetas del ejército americano. ¿Son amigos o enemigos? Bajo la influencia de Gvasalia y demás artistas del bloque soviético como Rubchinskiy , Stella Jean marca la pauta sobre cómo crear conciencia social y reflejar una problemática actual sin caer en el absurdo. 

 

Lamentablemente, Hasibuan y Jean son de las pocas que lo han conseguido, pero demuestran que se puede hacer mejor que unas simples camisetas impresas.

 

 

 

Comparte en Facebook
Comparte en Twitter
Please reload

Posts Recientes
Please reload