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Mariana Torres Viller

 

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¿Quién hacía qué en Valentino? La partida de Maria Grazia Chiuri nos da la respuesta

May 13, 2017

Desde antes del anuncio de la decisión de Raf Simons de dejar la dirección creativa de Dior, ya circulaban rumores sobre su posible sustituto. Varios nombres se barajaban, desde Ricardo Tisci – que para entonces todavía trabajaba en Givenchy – hasta Alber Elbaz – quien recién dejaba su puesto en Lanvin-. Sin embargo, para sorpresa de muchos, sería Maria Grazia Chiuri – una de las mitades de Valentino – quien llenaría su puesto.  Su química con Pierpaolo Piccioli resucitó a la casa italiana en 2008 y desde entonces esta se enfoca en la mujer más contemporánea, soñadora, femenina y sobria, pero joven. Su estética celestial, casi sacada de un cuento de hadas, los convirtió en el gran dúo de la moda; uno de esos matrimonios que piensas que nunca acabarán.

 

Desde comienzos del 2015 se comentaba la posible separación, pero no precisamente por problemas íntimos sino por una supuesta vacante para Maria Grazia en Chanel, la cual nunca llegó a surgir (lastimosamente.) Ya es mayo y cada uno ha mostrado un par de colecciones en solitario. Es la primera vez que trabajan por separado, lo que nos lleva finalmente a entender quién hacía qué en Valentino.

 

 

Pierpaolo cesó cualquier rumor y expectativa con su primera colección primavera 2017 en octubre. Aunque había poca cohesión entre las prendas, la clara influencia renacentista de El Bosco y los tonos rosas fueron los protagonistas en un debut confuso, pero exitoso. "Me gusta conocer la historia para luego olvidarla", diría Piccioli después del show. ¿Sería esta la imagen que mantendría Valentino? ¿Sobria y a su vez eufórica? No fue precisamente el caso.

 

La primera colección alta costura de Pierpaolo sin Grazia transcurrió un poco así…sin grazia. Colores neutros y siluetas simples, seda plegada, superposiciones de tul, transparencias, flecos y, eso sí, magníficos bordados y cuentas entre fibras doradas. El diseñador mantiene la simbología de la marca: flores, mariposas, hojas y arabescos. Sus chicas son princesas griegas y ninfas del bosque. Nada realmente nuevo.

 

No obstante, quizá lo que le había faltado a Piccioli era ese tiempo solo, como después de una ruptura, para reflexionar. El 5 de marzo mostró, aunque con las mismas siluetas y tejidos, una faceta nueva de Valentino en la colección de otoño 2017. Cambió las sandalias griegas y las diademas por botas de combate y chokers de cuentas rojas. Un espíritu fauvista invade la maison italiana entre tonos fucsia, turquesa, violeta y amarillo en esta colección que, según el creativo, nace del matrimonio entre la era victoriana y el Grupo Memphis.

 

 

Me recordó, incluso, a esa primera colección en solitario – primavera 2017 – y, sobre todo,  a la que le siguió, – prefall 2017 – que en su momento me resultó algo incoherente y abrumadora, – quizá demasiado colorida para Valentino –  pero que ahora cobra sentido absoluto. Esa vibra amish moderna era, nunca mejor dicho, un preludio clarísimo de la colección de otoño, la cual abre las puertas a una nueva era en Valentino.

 

 

 

Maria Grazia, por su parte, asume el trono en Dior con una responsabilidad enorme sobre sus hombros: continuar el legado de Simons, quien le había devuelto la magia a Dior después de la polémica salida del maestro John Galliano. Se paseaban por la pasarela pantalones rectos, chaquetas de cuero y faldas de tul, todo en blanco y negro; nada que dijera Dior, y muy poco que dijera Valentino.

 

 

Hacia el final de la colección, sin embargo, emergieron, entre corsés y tul rosa, símbolos naturales y referencias al tarot que evocaban, sin duda alguna, la esencia de Valentino. La Lune, Le Sole y Les Estoiles (La luna, el sol y las estrellas); Le pendu (El colgado), carta que representa la falta de control y la abnegación; y, en oposición, Le Bateleur (El mago), que simboliza la posibilidad de elección; La Papesse (La sacerdotisa), que representa la sabiduría y la prudencia;  Le Diable (el diablo), alegoría de pasión y tentaciones; y, finalmente,  La Justice (la justicia). Una colección cargada de significado, buen bordado y confección, pero que – lamentablemente – no decía “Dior” por ninguna parte.

 

Si aplicamos la misma ley que seguimos con Pierpaolo, habría que revisar la siguiente colección de Maria Grazia para Dior, a esperas de que el tiempo transcurrido entre una y otra haya servido de reflexión. Su desfile de alta costura siguió, en líneas generales, la misma temática: un inicio sobrio y discreto que se asomaba entre máscaras negras con formas de aves, mariposas y libélulas; a continuación, volantes de tul en colores pasteles y pálidos se abren paso con altos tocados de flores y plumas que parecen de ensueño. ¿Busca Maria Grazia transformar a Dior por completo? Así parece.

 

Mi desconcierto se intensificó, no obstante, con la colección de otoño, presentada en marzo. Sin una temática en concreto más allá de la paleta de colores (azul y más azul), la colección osciló entre secuelas de sus anteriores colecciones, las siluetas clásicas de Dior y un inexplicable estilo urbano dotado de un excesivo uso del denim. Si bien se entiende la intención de Maria Grazia de crear un uniforme para cada mujer, asumiendo que fue esta su intención, la falta de cohesión entre las 68 piezas dificulta comprender a dónde va todo esto.

 

 

Este viernes, Dior presentó su colección resort 2018 en el desierto de Calabasas, California, cuya temática fue el lejano oeste de las películas de Hollywood; de hecho, en esa misma locación se filmó Lo que el viento se llevó hace más de 70 años. ¿Por qué el desierto? ¿Por qué la temática? Maria Grazia admite que la locación del evento fue escogida incluso antes de que ella comenzara a trabajar en Dior, por lo que tuvo que improvisar una selección que se adaptara a esto. Revisando los archivos de la casa, consiguió imágenes de una colección diseñada por el propio Christian Dior en 1951 inspirada en las pinturas rupestres paleolíticas de las cuevas de Lascaux, en Francia. Este fue su punto de partida. 

 

 

A través de tonos cálidos y estampados de arte primitivo, Chiuri impone los flecos, las botas de combate y los ponchos en una inusual combinación con el New Look de Dior, popularizado por el diseñador en los cincuenta para definir y exaltar la cintura femenina. Se advierte, sin embargo, una regresión a un mismo modelo que ya habíamos visto en colecciones anteriores: el vestido de escote balconette o media copa con falda en A. ¿Será este el new look de Maria Grazia? Mientras se decide, no olvida recurrir a su estancia en Valentino. La colección evidencia un estilo indefinido que se balancea entre las imposiciones de los directivos de Dior y los propios deseos de la diseñadora, aunque estos últimos sean -  para todos - un misterio todavía. 

 

 

 

De Pierpaolo, los colores atrevidos (si los había), el brillo, las referencias étnicas, la modernidad; de Maria Grazia, la delicadeza, ese afán modernista por la naturaleza, la femineidad y, en casos, la magia. Parece que nos adentramos en un tiempo en el cual la musa Valentino no será más la princesa del bosque. Será decidida y atrevida.

 

Dior, por su parte, se me aparece poco nítido. No queda claro aún si el cometido es vestir a la mujer moderna de la calle o a la protagonista de un cuento de hadas, lo cual me parece – si se piensa bien – grave. ¿Está en riesgo el futuro de Dior o se mantendrá en pie gracias al estatus que ya ha logrado consolidar?

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